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  • Foto del escritorArtiles Cabrera

Libertad de expresión, quién te ha visto y quién te ve.


¿Qué es la libertad de expresión? ¿Tiene algún límite? ¿Goza de la misma intensidad en todas las personas? ¿Se permite opinar libremente sobre cualquier tema aunque vaya en contra de un criterio científico?

No me cabe duda de que a todos nos ha asaltado alguna vez este tipo de preguntas. Yo aportaré mi opinión respondiendo a estas cuestiones, haciendo uso, como no, de mi derecho a expresarme libremente.





¿Qué es?

En primer lugar, es conveniente entender qué es la libertad de expresión. Desde mi punto de vista, esta vendría a ser la autonomía que posee el ser humano para transmitir sus ideas mediante la palabra, cuyo origen es el libre albedrío y el propio pensamiento, sin temor a sufrir ningún tipo de represalia por ello. Dicho de una forma más coloquial, pues que cada uno diga lo que le venga en gana, sin miedo a sufrir ninguna consecuencia negativa por ello.


Limitaciones

Es evidente que este derecho tiene unos límites, que no son otros que el respeto al resto de derechos fundamentales, buscándose siempre un justo equilibrio entre todos ellos.


Pondré un ejemplo un tanto peculiar para que lo entendáis (nótese el sentido irónico de lo que voy a decir): yo no tendría derecho a difundir la idea de que hay que matar a todas las personas que tengan el pelo teñido de azul, puesto que chocaría frontalmente con el derecho a la vida de los «peliazules» y, a la vez, con su derecho a la libertad de expresión a través de los colores de su cabello.


No obstante, siempre ha existido la controversia con algunas expresiones podrían atentar contra el derecho al honor de otra persona. Volviendo al ejemplo anterior, diré en esta ocasión que Mengano es un asesino de cachorrillos de perros por el mero hecho de tener el pelo teñido de azul (vuélvase a notar la ironía, por favor). Como vemos, con tal afirmación, yo estaría atentando contra el honor de Mengano, manifestando algo que seguramente sería mentira, asignándole un hecho por la única razón de que luce su cabello con un color determinado.


Ahora bien, os propongo a que cada uno de vosotros ponga su propio ejemplo y veréis que no voy mal encaminado. Estoy seguro de que no seríais capaces de expresar ideas, surgidas de vuestra imaginación, que atentasen contra la dignidad de otras personas.



Intensidad

En cuanto a la intensidad, esta debería ser igual en todas las personas, sin que exista ninguna distinción entre ellas. Aunque, en mi opinión, eso solo lo sería en teoría. Me explico. Como seguro os habréis dado cuenta en múltiples ocasiones, habréis visto que cuando alguien da una opinión en un sentido o tema concreto, enseguida aparece una horda de gentes que lo reprueban de forma indiscriminada y, muchas veces, sin que ellos tengan la razón. La consecuencia de esto es que dicha persona termina siendo repudiada por el resto, siéndole impuesta una especie de censura social que, normalmente, le acaba afectando a su esfera personal y profesional.


Un ejemplo claro es cuando cualquier persona del mundo del espectáculo se pronuncia sobre un postulado concreto. A partir de ese momento, se observa como la gente comienza a infundir el odio hacia ella por estar en contra de su opinión, sumándose de forma brutal más y más personas. Y como consecuencia, se acaba destruyendo su carrera artística por el mero hecho de haber usado su derecho a la libertad de expresión.


Todo esto aboca en que personas de cierta relevancia social deben mantenerse al margen y no pueden hacer uso de su propia libertad de expresión. De ahí, mi idea de que no todos la poseen con la misma intensidad; mientras más notoria es la fama de una persona, más limitado tiene su derecho a expresarse libremente.

Como hoy me siento melancólico, diré que echo mucho de menos aquella gran frase que se usaba con habitualidad en los años ochenta y noventa: Respeto tu opinión pero no la comparto.



Opiniones infundadas

Otra cuestión es cuando alguien opina sobre un tema científico, sobre todo cuando es ignorante en la materia.


¿Quién no ha escuchado alguna vez los argumentos esgrimidos por terraplanistas para afirmar que la Tierra es plana? Ellos defienden a ultranza esta idea, llegando a exponer sus propias motivaciones. Aquí es indiscutible que pueden expresar lo que piensa. Pero ello no es óbice para tener nuestra opinión sobre esas ideas, porque, sobra decir, la ciencia ha demostrado por activa y por pasiva que nuestro planeta es casi esférico y orbita como un campeón alrededor del Sol.


El problema radica cuando, siendo legos en medicina, algunos aportan su opinión sobre ciertas enfermedades. Esto sin duda es muy peligroso. Creo que sería correcta la limitación que le impusiesen, en su justa medida, a su libertad de expresión. Aunque lo ideal sería que tan solo se la limitaran en los casos flagrantes en los que la vida o la integridad física de cualquier conciudadano estuviese en peligro por haber hecho caso a esas opiniones tan imprudentes que van en contra de los meticulosos estudios científicos.


Quiero acabar diciendo que no pretendo ser consejero ni tampoco un experto del tema; tan solo doy mi opinión haciendo un uso responsable de mi libertad de pensamiento, procurando no herir el honor de nadie.


Terminaré mis palabras con este pequeño poema dedicado a la libertad de expresión.


Poema a la libertad de expresión.

Eres una quimera en muchos lugares,

resides como una entelequia en otros tantos,

y existes con efectiva plenitud en ciertas tierras.


Hay quien te odia con todas sus fuerzas,

persiguiendo a todo aquel quien te aclama,

incluso represaliándolo con la temida muerte.


Otros te idolatran como a una única diosa,

venerándote como a la que más,

e invocándote aun cuando no llevan la razón.


Quien te usa se olvida de que a veces hieres,

que laceras el honor de las gentes,

que llegas a humillar al más débil.


Te defenderé sin dudarlo,

mas si no respetas a los otros derechos,

tus verdaderos compañeros de batallas,

no titubearé en cortarte el paso.



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